CÓMO VISITAR EL VALLE DEL OMO

Mucha gente acude a Etiopía para visitar las tribus del valle del Omo. Hamer, Mursi y otros pueblos son un auténtico tesoro antropológico. Es una experiencia única a pesar de que los últimos años hayan mercantilizado las visitas a los poblados. Mucha gente se pregunta cuánto cuesta, qué agencia contratar o cuánto tiempo se necesita para visitar el valle del Omo. En este artículo quiero mostrar las posibilidades que se ofrecen para disfrutar de esta fantástica zona del país.

TRANSPORTE

Las comunicaciones son escasas en esa zona del país por lo que resulta casi imprescindible moverse en vehículo privado. Así pues, hay dos opciones:

Vehículo de alquiler

Evidentemente es la alternativa más barata. El alquiler puede salir por unos 100$ diarios. Te permite más flexibilidad y personalmente me gusta mucho conducir por África. La parte mala es que siendo extranjero hay más posibilidad de sufrir algún tipo de agresión al coche. En algunos pueblos los niños (y no tan niños) tienen la mala costumbre de apedrear los coches y se pueden producir situaciones complicadas, sobre todo si no hablas su idioma. Además para entrar a algunos poblados es mejor contar con la mediación de un local.

Vehículo con chófer

El precio puede ser alrededor de 160$ / día si lo contratas directamente con él. Si lo haces a través de una agencia pagarás un poco más pero la seguridad que te ofrece también es mayor. Llevar chófer es una ventaja a la hora de buscar sitios para comer, alojamiento u otros servicios. También se accede con más facilidad a algunas aldeas y se pierde menos tiempo.

Agencias

Nosotros, tras consultar precios y servicios de muchas agencias, nos decidimos a contratar los servicios de Birana Tours. La dueña es una chica española que fue guía de Kananga y la verdad que el servicio fue fantástico y a un precio muy competitivo. Nuestro conductor, Buskana, fue un formidable compañero de viaje. Su atención fue siempre exquisita y estuvo atento a todas nuestras solicitudes en todo momento.

  CUÁNTO TIEMPO ES NECESARIO

Debido a las largas distancias desde Addis Abeba y, sobre todo, al deficiente estado de las carreteras, no recomiendo menos de una semana. Cada visita a un poblado es una verdadera experiencia que conviene disfrutarla sin prisas. Además en ocasiones, debido a las lluvias u otras causas no se pueden realizar las visitas. Personalmente recomendaría entre 7 y 10 días.

Hay la posibilidad de volar desde Addis Abeba hasta Arba Minch para aligerar en parte el largo viaje. Puede ser una buena opción para aquellos que no dispongan de muchos días.

 

CUÁNDO IR AL VALLE DEL OMO

Es un elemento a tener en cuenta porque a veces las carreteras o caminos se vuelven impracticables y no se puede acceder a algunos sitios. Hay dos estaciones de lluvias: desde finales de marzo a principios de junio es cuando más llueve y se producen fuertes tormentas; la otra época es entre septiembre y noviembre. De todas maneras, los últimos años las lluvias se han vuelto más escasas e impredecibles.

 

DÍAS DE MERCADO EN EL VALLE DEL OMO

Las visitas a los poblados son interesantes, pero en los mercados es cuando mejor se les ve de manera distendida. Si vais con guía o agencia ellos saben perfectamente los días de mercado. Si viajáis por vuestra cuenta aquí tenéis los días de mercado, dónde se celebran y qué grupos étnicos acuden:

 

ALOJAMIENTO

Las opciones no son muy amplias y la relación calidad / precio es, en general, bastante mala. Hay hoteles locales, donde suelen acudir los etíopes que son absolutamente tugurios. Si os atrevéis se puede conseguir una habitación doble por unos 6€. Nosotros fuimos a otros un poco mejores, que detallo en cada uno de los días. En algunas zonas también hay algunos lodge con bungalows y suelen costar entre 70-100$ la noche. No son tampoco ninguna maravilla, pero decidimos alojarnos en uno después de haber pasado varias noches en humildes alojamientos.

La opción más barata para dormir en algunos sitios es el camping y también probamos un par de noches en Turmi. Las instalaciones no eran ninguna maravilla pero suficiente para pasar un par de noches. Las tiendas de campaña tenían colchones en el suelo. Había otras tiendas un poco más caras con camas.

 

TU GRANITO DE ARENA A LA POBLACIÓN LOCAL

No soy muy partidario de ir dando regalos y dinero como si fuera el Papa. El hecho de darles dinero ha contribuido a la mercantilización de las visitas en los poblados. Sin embargo, reconozco que a veces acabo regalando productos que son inaccesibles para ellos, como jabón. Como hago muchas veces dejé allí mis medicinas, jabón y algunas camisetas. Llevé tabletas extra de profilaxis de la malaria, que allí todavía es una enfermedad habitual. También habíamos comprado algunas gafas de sol para niños antes de emprender rumbo al valle del Omo. No ocupan mucho y es un gran regalo para ellos.

Niños hamer en un poblado
 

RUTA DE 7 DÍAS POR EL VALLE DEL OMO

Generalmente me gusta ofrecer información práctica, con datos generales. Sin embargo, debido al tipo de viaje que realizamos y la emotividad de algunas visitas, la siguiente ruta por el sur tiene cierto formato de diario. Aún así, espero que la información resulte práctica para aquellos que decidáis hacer este viaje por vuestra cuenta. Para los que lo hagáis con una agencia o conductor espero que resulte útil para saber qué os podéis encontrar y algunas recomendaciones a la hora de negociar el itinerario.

 

Día 1: Addis Abeba – Arba Minch

A las 6:00 iniciamos el viaje hacia el sur en un 4×4. Conviene salir pronto de Addis Abeba porque el tráfico en la capital es infernal. Aun así, tardamos casi 2 horas en abandonar la capital. El camino es por una carretera muy bien asfaltada y realizamos una parada para desayunar y estirar las piernas. El camino es largo pero no se hace muy pesado. Alrededor de la 13:00 paramos a comer y, posteriormente, continuamos en dirección a Arba Minch. Antes de llegar decidimos pasar a visitar la zona donde viven los Dorze.

Casas del poblado Dorze

Se estima que actualmente viven 25000 dorzes en pequeñas comunidades en las montañas. Para acceder a las aldeas hay que tomar un desvío unos 15 km antes de llegar a Arba Minch. Es un pedregoso camino de montaña donde se pueden observar babuinos. A medida que vamos ascendiendo por la carretera la temperatura va descendiendo y la vegetación se vuelve más densa y verde. En las orillas de la carretera los niños locales aprovechan para deleitar a los turistas con curiosos bailes meneando el culo.

Típica casa Dorze

Antiguamente eran unos aguerridos guerreros pero actualmente están todos asentados y se dedican a la agricultura y la producción de telas de manera cooperativa. No dejan a los niños pedir dinero a los turistas, pero sí intentar venderles sus productos. Nos pareció una buena manera de organización comunitaria, quizá porque no acudan tantos turistas como al valle del Omo y todavía no estén tan corrompidos por el dinero.

Viven en unas chozas de bambú con una forma muy curiosa, que pueden llegar a medir 7 metros de altura. Esto les permite ir bajándolas de altura a medida que las termitas van comiéndose la base de la choza o por la simple putrefacción. Nos pareció que, de largo, tenían las mejores condiciones de vida de todas las tribus que visitamos. Nos invitaron a una torta hecha a base de raíces de plátano fermentadas bajo tierra durante semanas. Lo acompañamos con un licor local de alta graduación. Tras bebernos unos cuantos, el camino hasta Arba Minch se hizo mucho más ameno.

Llegamos al anochecer a Arba Minch. Como el restaurante no tenía mucha variedad,  picamos un poco de embutido que teníamos en la mochila. Cervecitas en el agradable jardín del hotel y a dormir.

Alojamiento: Ezana Hotel. Humilde hotel con habitaciones anticuadas pero bastante limpias. Agradable patio donde sirven la comida del bar-restaurante. Desayuno aceptable.

 

Día 2: Arba Minch – Jinka

Por la mañana desayunamos pronto y nos adentramos en el Parque Nacional de Nechisar. Para ello fuimos al Lago Chamo, que está a escasos 8 km de Arba Minch. Es un enorme lago de unos 25 km de largo con un ecosistema impresionante. Hicimos un recorrido en barca de una 1:30 h aproximadamente y pudimos ver infinidad de aves, como pelícanos y águilas.

 

Lo que más nos impresionó del lago fueron sin duda los enormes cocodrilos que había. Vimos alrededor de 10 ejemplares, algunos de ellos de 3-4 metros de largo. Impresiona verlos a 2-3 metros de la barca con sus enormes dientes y su mirada afilada.

 
Cocodrilo en el lago Chamo

También pudimos ver hipopótamos flotando en el lago. Estos son más esquivos y en cuanto nos acercábamos un poco se sumergían. A pesar de los cocodrilos e hipopótamos, los pescadores realizan su labor en pequeñas barcas. En este vídeo que grabamos podéis imaginaros mejor la escena.

A la vuelta del lago el coche sufrió una pequeña avería y tuvimos que parar en Arba Minch para que cambiar la pieza y que la cosa no fuera a mayores. La espera fue un poco más larga y estuvimos un par de horas charlando con los lugareños y tomando café. Ellos mientras tanto hablan distendidos y mascan khat continuamente. Se trata de una droga sumamente aceptada socialmente y similar a las anfetaminas.

Pescador en el lago Chamo
 

Mercado de Jinka

Desde Arba Minch nos dirigimos al valle del Omo. Nuestra siguiente parada fue en Jinka. Llegamos justo para poder disfrutar del mercado local. Es uno de los más importantes del valle del Omo y acuden miembros de diferentes tribus. Es un auténtico documental etnográfico con vestimentas y abalorios sumamente llamativos.

 

La mayoría de ellos son de la tribu hamer pero también hay de otras tribus. Algunas tribus son muy diferentes en su indumentaria pero otras son bastante parecidas y cuesta más diferenciarlas. No voy a extenderme en este aspecto porque necesitaría muchas páginas y mayor conocimiento sobre el tema.

 

Los amantes de la fotografía deben saber que debido a la afluencia de turistas los últimos años, han empezado a pedir 5 birr por foto. Si se sacan desde lejos no hay ningún problema pero si se desea hacer un retrato de cerca, sabed que hay que pagar el canon.

CONSEJO: Debido al precio que piden los locales por cada foto es muy recomendable tener billetes de 5 birr. Para ello podéis cambiar el dinero en Arba Minch. Si se os olvida intentad cambiar todo lo que podáis en el camping / hostal donde os alojéis.

Mujer Hamer en el mercado de Jinka

El mercado es también un sitio de reunión social. Allí los jóvenes aprovechan para conocer y coquetear con otros chicos/as. Para no “equivocarse” las chicas que están casadas llevan unos gruesos collares que delata que están casadas. También aprovechan para ir a sus bares locales, donde se sientan en el suelo mientras beben un licor de sorgo con muy mal aspecto.

Mujer hamer con collar de casada

En el mercado también se pueden adquirir souvenirs de las tribus y otros abalorios que importan desde Kenia. Otros productos interesantes son las figuras y máscaras de madera, pero son muy duros en el regateo. En Addis Abeba se pueden adquirir algunos de estos productos por un mejor precio. Yo me traje una figura que me gustó mucho y la saqué a buen precio pero sudé la gota gorda.

En el mercado no atosigan al turista, pero tampoco les gusta sentirse acosados. Hay que pasear con educación y respeto entre los puestos, sin olvidar que ellos están realizando sus quehaceres diarios. Tras la visita fuimos a nuestro hostal, donde descansamos tras un largo día de ruta.

Alojamiento: Orit Hotel. Habitaciones espartanas, pero relativamente limpias. Lo mejor de todo es la enorme terraza del restaurante. Desayuno aceptable.

 

Día 3: Jinka – Turmi

Un día más el despertador suena temprano para aprovechar el día. Nuestro primer objetivo es ir a visitar el parque nacional de Mago y su tribu más representativa: Los Mursi. El trayecto hasta la aldea es por carretera hasta la entrada al parque. A partir de ahí es una arreglada pista de tierra. Si tenéis suerte se pueden ver elefantes, leopardos, jirafas, kudus y babuinos, entre otros animales. También es el mejor sitio para avistar el león negro de Abisinia, pero tanto este como los anteriores animales han reducido su número drásticamente. Nosotros vimos babuinos, multitud de pájaros y tuvimos la gran suerte de ver un chacal rojo. Tras 1:30 horas de coche llegamos a la aldea.

Parque Nacional Mago (Etiopía)

Aldea Mursi

Es probablemente la tribu más fotografiada del valle, debido al plato que llevan las mujeres casadas en su labio inferior. Se calcula que actualmente hay alrededor de 9000 mursi. Son mucho más altos que el resto de las tribus que visitamos y conocidos por su agresividad y su ardor guerrero. Tampoco tienen muy buena fama porque se dedicaban al pillaje y robo de ganado. Actualmente, son ganaderos y a veces acumulan cientos de cabezas de ganado.

Muchas veces utilizan el ganado como moneda de cambio para comprar kalashnikovs. Las armas, sin embargo, las pagan con dólares. Por eso la moneda ha adquirido un mayor peso en su sociedad en los últimos años. Los hombres tienen serios problemas de alcoholismo. Si a eso añadimos que están armados hasta los dientes, constituye una mezcla explosiva. Por eso conviene visitarles a la mañana, cuando todavía no han empinado el codo.

Mujeres Mursi

Habíamos oído muy malas experiencias sobre las visitas a los Mursis. Algunos han reportado robos al despiste e incluso con violencia. Otros dicen que les han pedido más dinero por foto que en el resto de tribus. Personalmente disfruté mucho y se portaron en todo momento de manera bastante educada.

Mujeres mursi con el platillo de casada

Es cierto que hubo unas mujeres que nos pidieron constantemente que les hiciéramos fotos, pero el chico que nos guió por el poblado fue muy agradable. Accedimos a la aldea andando durante unos 10 minutos. Allí todos los miembros también nos permitieron saludar a los niños y juguetear con ellos sin hostigarnos.

Casa tradicional mursi

En el camino de vuelta paramos a mitad del trayecto para sacar unas bonitas fotos panorámicas. Los días precedentes había llovido mucho y al volver tuvimos problemas para cruzar un río. Estuvimos parados pero al final logramos vadearlo con el agua llegando a la altura de la ventanilla. Hay que tener en cuenta esto si viajáis por vuestra cuenta. Hacia las 12:30 regresamos a Jinka para comer.

Nos tomamos el almuerzo relajadamente en uno de los pocos restaurantes del pueblo. Allí conocimos a Abushe, un simpático niño negro de preciosos ojos azules. Él nos contó que en el colegio se reían antes de él debido al color de sus ojos. En el colegio le llamaban “ojos de plástico” y sus padres al nacer pensaban que era ciego. Asimismo nos dijo que su madre también tenía la misma anomalía. En realidad, se trata de una enfermedad denominada síndrome de Waardenburg. Es un trastorno genético que produce distintos grados de sordera y alteraciones de pigmentación. Por eso tenía un mechón de color rubio en lo alto de su cabeza.

Desde ahí nos hay un largo camino hasta Turmi, en pleno territorio Hamer. El camino es nuevamente por pistas de tierra durante 4 horas aproximadamente. Una vez allí llegamos al camping y, tras dejar las maletas, fuimos a visitar el campamento Hamer.

Aldea Hamer

Una vez más teníamos bastantes dudas sobre la “autenticidad” de este tipo de visitas. Fuimos con un guía local de apenas 20 años muy amable y paciente. Y es que, una vez que conocimos a los miembros de la tribu, no nos queríamos ir. Los Hamer son un pueblo ganadero y mundialmente conocidos por el ritual Ukuli Bula o salto del toro.

Es una ritual de paso a la edad adulta y motivo de orgullo para todos los jóvenes. Informaos si en los días que vais a estar se va a celebrar en alguna aldea de la zona. Los avispados hamer han hecho negocio de esa tradición y cobran unos 600 birr por persona.

También cobran los habituales 5 bir por fotos pero, pasados los 5 primeros minutos, no fueron muy insistentes. Allí conocimos a María, una preciosa niña hamer que está apadrinada por una famosa agencia de viajes española. Es una chiquilla pizpireta, simpática y super juguetona. Estuvimos correteando y jugando con ella y sus amigos.

María, niña hamer

En la misma aldea nos invitaron a entrar en una de sus casas de cañas y barro o estiércol. Dentro pudimos compartir una infusión típica de la zona, hecha a base de las cascaras secas de las bayas del café. Nos los sirvieron en el cuenco que llevan las mujeres hamer en la cabeza. A pesar de los escrúpulos iniciales, la bebida no estaba del todo mala.

Allí pudimos conocer a más mujeres en la aldea. No había hombres porque, como en la mayoría de las tribus del valle, ellos se ocupan del pastoreo. Es un trabajo sacrificado pero mucho más llevadero que las tareas destinadas a las mujeres. Cuando ya íbamos a dejar la aldea llegaron los primeros hombres. No pudimos entretenernos más porque se hacía de noche, aunque si os apetece podéis acordar con los hamer dormir en su campamento. Vuelta al camping.

Alojamiento: Busca Lodge (17$ / tienda con colchón en el suelo). Hay wifi lento en la zona del restaurante. Ducha y baño no muy limpio. Sólo agua caliente de 18:30-9:00. El restaurante sirve comida muy rica y desayunos mejores aún.

4 comments

  1. ¡Qué post más completo!
    Gracias por los consejos, lo de apedrear el coche debe ser una tradición de bienvenida????.

    Ya estoy haciendo cuentas para mi próximo viaje a África el año que viene… Tengo muchas ganas de volver. ¡Un abrazo!

  2. Toda una aventura recorrer las tribus. Muy útil toda la info que das y gracias por avisar de que pueden apedrearte o de que es mejor visitar por la mañana una de las tribus ???? (por los kalashnikovs y el alcohol). Supongo que poco a poco estas aldeas se irán corrompiendo y dejaran de ser como las has conocido tu. ¿Crees que el hecho de que mejoren económicamente dará lugar a que cambien su estilo de vida a mejor o solo hará que falseen delante de los turistas para conseguir más dinero?
    Saludos!!

    1. La verdad que es todo una experiencia. Sorprende ver que todavía sigan viviendo en esas condiciones y manteniendo sus ancestrales tradiciones. Lo de las pedradas es digno de análisis porque si vas andando no lo hacen. Sin embargo, si vas en bici eres objetivo prioritario, jaja. Desgraciadamente el declive de estas tribus ya ha empezado y en pocos años perderán su cultura y modo de vida cambiar drásticamente. Los turistas somos también partícipes de ello, en mayor o menor medida. Fotógrafos empezaron a pagarles por posar para ellos como si fueran meros objetos y, muchas veces sin socializar mínimamente con ellos. Vimos a algunos sacar fotos y al mismo tiempo evitando tocarles porque les daba asco. Como consecuencia, hoy en día todos te piden dinero si les quieres sacar una foto.

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