Ruta Valle del Omo (II): Tradiciones ancestrales

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Ruta Valle del Omo (II)

Tras haber conocido a los Mursis y los Hamer, estábamos ansiosos por seguir descubriendo cómo viven el resto de tribus del valle del Omo. En los siguientes días pudimos comprobarlo y compartir entrañables momentos en otras aldeas.

Día 4: Turmi – Aldea Dassanech – Mercado de Dimeka

El día está programado para ir a visitar a la tribu Caro, pero nos avisan de que la carretera de acceso está impracticable. Esta hace cambiar los planes, ya que no nos permite visitar una de las tribus más peculiares y llamativas del valle del Omo. Así pues, cogemos el coche y nos dirigimos a visitar a la tribu Dassanech. Para ello debemos avanzar por la carretera que va hacia Sudan.

La carretera la han construido recientemente para facilitar el comercio con Sudán. A medio camino nos topamos con numerosos termiteros. Sorprenden realmente las dimensiones y muchos de ellos se divisan desde cientos de metros de distancia. Desde allí continuamos hasta la pequeña localidad de Omorate, donde viven una comunidad Dassanech. Está junto a la frontera con Kenia, por lo que hay un puesto de control donde requieren el pasaporte.

Aldea Dassanech

Acceso: 10 bir / persona. No se paga por las fotos individuales. He oído que a algunos les han cobrado hasta 20€ por entrar al poblado.

Actualmente se estima una población de unos 30000 individuos. La mayoría de ellos viven en comunidades nómadas de Etiopía, Sudan y Kenia, cerca del lago Turkana. Hay un pequeño porcentaje de ellos que ya se han asentado. Para acceder a la aldea tenemos que atravesar el río Omo en una primitiva barca. El río es la fuente de vida de este valle pero al otro lado nos espera el infierno.

Nos parece de largo las condiciones más duras en las que viven todas las tribus que visitamos. Viven alejados unos del 300 metros del río, en una zona absolutamente árida y polvorienta. Antes, azotados por continuas sequías, vivían en las orillas del río.

Aldea Dassanech (Etiopia)

Sin embargo, paradógicamente, en 2004 hubo inundaciones y la crecida del río acabó con la vida de muchos de ellos. Otra de las razones de huir del río fue que antes sufrían más malaria como consecuencia de los mosquitos de las ciénagas.

Sus chozas están construidas con desechos de maderas, plásticos y hojalata. La capa exterior metálica y el inclemente sol hacen que dentro de las chozas haga un calor extremo. Entramos dentro de una, invitados por una mujer del poblado e incluso un chico hamer que nos acompaña es incapaz de aguantar el calor.

 

Dentro de la choza charlamos con la mujer y su marido. Nos presentan a algunos de sus hijos y les regalamos gafas de sol y un pañuelo para protegerse del sol. Salimos de la choza completamente conmocionados por las condiciones de vida.

A pocos metros nos muestran otra choza que hace las veces de bar. Allí están bebiendo un brebaje local alcohólico mientras una embarazada en avanzado estado de gestación está tumbada en el suelo, en un vago intento por refrescarse un poco ante la indiferencia del resto.

Ha sido una visita de alrededor de una hora y a la vuelta los niños nos acompañan hasta el río. Han sido unos momento tremendamente emotivos que nos dejan con el corazón encogido, pensando el nefasto futuro que les espera. Cruzamos el río de vuelta y emprendemos el camino hasta Dimeka.

 

Mercado de Dimeka

Es la ciudad más grande del valle y a su mercado acuden miembros de diferentes tribus del valle. Es el principal lugar de intercambio del valle y uno de los acontecimientos más importantes de su vida social. También es un lugar fantástico para pasear sin la presión de que te pidan fotos a cambio de dinero. Aun así, si se quiere retratar a alguien de cerca lo más seguro es que os pidan dinero. Otros simplemente no desean ser fotografiados, algo completamente respetable.

Vendedora en el mercado de Dimeka

La mayoría de los compradores y vendedores son hamer, ya que es una de las mayores tribus y la de mayor concentración en la zona. En uno de los puntos del mercado vemos a un grupo de jóvenes que han hecho el salto del toro los días precedentes. Son identificables por los avalorios que llevan y las plumas de su cabeza.

 

En este mercado también se pueden comprar objetos de artesanía, pero al igual que en el mercado de Jinka son muy duros regateando y muchos de los souvenirs los podéis encontrar en Addis Abeba a mejor precio. Desde allí emprendemos el camino de vuelta hacia el camping.

Alojamiento: Buska Lodge.  

Día 5: Turmi – Konso

Cogemos fuerzas con un formidable desayuno y preparamos la mochila. Desde Turmi hasta Konso tardamos unas 4 horas. Llegamos alrededor de las 12:30 y comemos en el restaurante Lem-Lem. Es un restaurante y pequeño hotel local situado detrás de la rotonda de la calle principal. Tiene una pequeña terraza donde los locales se arremolinan para comer la especialidad local, el cordero asado. A pesar de su humilde emplazamiento, es uno de los sitios donde mejor comimos en Etiopía.

Desde ahí vamos al centro de información turística para encontrarnos con el guía local. Es un señor mayor borracho y que se negaba a trabajar ese día, pero al final accede.

Aldea Konso

Finalmente vamos a una aldea amurallada de la tribu Konso. Sus miembros no portan abalorios ni rasgos distintivos tan peculiares como las tribus del valle del Omo. Las comunidades Konso son famosas por sus murallas. Se estima que tienen unos 800 años de antigüedad y el conjunto amurallado es Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.

El poblado que vamos a visitar está a escasos kilómetros de Konso. Lo primero que nos sorprende es el grado de sofisticación social y arquitectónico que han adquirido. Sus complejas construcciones no tienen nada que ver con la simplicidad de las chozas del valle del OMO. Incluso la organización social y sus leyes parecen más evolucionadas. Por ejemplo, no tienen permitido casarse entre miembros de la misma aldea y tienen estrictas normas respecto al abuso sexual, castigado hasta con la muerte.

Dentro del poblado las casas están organizadas por calles protegidas por el sistema amurallado. Este les protege de posibles enemigos y del ganado que se pudiera escapar. Las casas también son más resistentes, con estructuras de madera y piedra. Hay también unas zonas comunes, en una especie de cobertizo, donde se reúnen para dirimir los problemas de la comunidad. También sirven como lugar de centro social, donde charlan, bailan y juegan.

Otro punto interesante del poblado es el árbol de la generación. Se trata de un largo tronco erigido en el cual se ponen marcas con palos cada 18 años. Así se puede calcular fácilmente la edad que tiene esa comunidad. Junto a ella tienen también una serie de piedras para ritos de iniciación. Una de ellas de mayor envergadura es la que marca el paso a la edad adulta. Una vez que puedan levantar esa piedra ya se consideran aptos para tener hijos.

Otra de las peculiaridades de los konso es la creación de tótems rituales de madera. Estas figuras de madera denominadas “waka” han sido objeto de pillaje los últimos años. Representan miembros muertos de la comunidad y suelen estar colocados de manera lineal y en orden de importancia. Desafortunadamente esta práctica está desapareciendo debido a la presión de los misioneros cristianos.

Mientras vamos paseando entre sus murallas y sus casas vemos un grupo de niños jugando al fútbol. Otros más avispados han montado un chiringuito de artesanía local que nos fascina. Han creado unas réplicas en miniatura de televisiones hechas con madera de bambú. Un rodillo de papel hace las funciones de la pantalla y se puede pasar imágenes pintadas de animales rotando una varilla. No podemos resistirnos a comprar esos creativos trabajos manuales.

Museo Konso

Horario: 8:00-12:00 / 13:00-17:30

Tras una hora por el poblado vamos al museo Konso para aprender un poco más de su cultura y sociedad. El centro cierra a veces antes debido a la escasa afluencia de turistas. Hay una señora que se encarga de cuidarlo y aunque esté cerrado lo abrirá por una pequeña propina. Es una interesante visita con numerosos “wakas” que habían sido saqueados y posteriormente recuperados. También tienen algunos paneles informativos en inglés sobre la sociedad y cultura konso.

Alojamiento: Kanta Lodge (70$) Situado a las afueras de Arba Minch, tienen bungalows coquetos pero lejos de ofrecer lo que cuesta. Cenas insulsas por 80-100birr. Desayuno bastante pobre incluido en el precio. Agua caliente y luz solamente de 18:30-9:30.

Día 6: Konso – Awassa

Tras un desayuno con buffet escaso sin apenas opciones, hacemos la mochila. El camino hasta Awassa es por carretera asfaltada, lo que lo hace más llevadero aunque esté lejos. Para hacer más ameno el viaje vamos haciendo algunas paradas por el camino. La primera frente a un grupo de babuinos que rebuscan comida entre un montón de basura junto a la carretera.

Unos kilómetros más adelante vemos un kudu pero no nos da tiempo a hacerle fotos. En un punto de la carretera hay una enorme catarata que expulsa el agua de las recientes lluvias con virulencia. Viéndola resulta difícil creer que en Etiopía puedan sufrir pertinaces sequías.

Antes de llegar a Awassa todavía hacemos otra parada en la zona de Alaba. Allí visitamos una típica aldea local. Sus habitantes son descendientes  de tribus nómadas que transportaban caravanas de camellos. Tienen una cultura muy peculiar, ya que es un grupo étnico con una herencia árabe. De hecho, reciben subvenciones de países del Golfo Pérsico para la conservación de su cultura y el impulso de la lengua árabe.

Sus casas son bastante grandes y robustas, comparadas con las del valle del Omo. Lo más peculiar es su decoración exterior. Alrededor de las casas realizan coloridos murales con representaciones de la cultura Alaba.

Al atardecer llegamos a Awassa, que nos recibe con una fuerte tormenta. Por eso, aprovechamos para descansar en el hotel tras otro día largo e intenso, lleno de emociones. Al subir a la fantástica habitación algunos monos ladronzuelos se acercan al balcón de la habitación y nos roban un mechero. Desde la terraza de nuestra habitación se ve el lago Awassa y otro pájaro enorme con un pico extravagante.

 

Alojamiento: Lake View Hotel (18$). Fantástica relación calidad / precio. Enorme habitación con sofá y gran terraza con vistas al lago. Agradable restaurante con comida y batidos muy buenos.

Día 7: Awassa – Addis Abeba

Awassa es una ciudad donde viven muchos expatriados y viendo su hermoso lago se comprende fácilmente. Nos acercamos por la mañana temprano para ver los marabús merodeando por la orilla. Son unos pájaros bastante feos y se alimentan de carroña, así que frecuentemente están sucios. Aún así la estampa del lago merece realmente la pena. También se pueden ver algunos monos correteando por la zona.

Marabús en el lago Awassa (Etiopía)

Nos acercamos al mercado de pescado local para poder experimentar el bullicio de las transacciones. Hasta hace pocos años había mucha pesca pero debido a las sequías y, sobretodo, a la sobrexplotación las capturas y el tamaño de las presas se han reducido enormemente.

Pescadores en el lago Awassa

Actualmente apenas sacan unos pocos peces tras una noche de pesca. Junto a la orilla se arremolinan pescadores y vendedores ofreciendo la mercancía y negociando a voces. Alrededor numerosos marabús esperan que les lancen las tripas de los peces que están limpiando.

Después nos acercamos hasta el lago Ziway. Sin ser una cosa del otro mundo, tiene un bonito embarcadero y hay bastantes aves en sus orillas. Por desgracia, los últimos años su nivel se ha reducido mucho y si la situación no mejora está destinado a desaparecer.

Desde allí realizamos el camino de vuelta hasta Addis Abeba. En el camino paramos a comer en un restaurante y allí tuvimos la última sorpresa del viaje, una enorme tortuga de casi cien años. Vivía en el restaurante y la vimos pasar cuando iba a disfrutar de su paseo por el jardín.

Llegamos a la capital alrededor de las 18:00 y aprovechamos para hacer las compras de última hora en el mercado de Piazza. Hay bastantes tiendas y puestos donde comprar artesanía. Los precios son bastante competitivos pero aun así siempre hay que regatear. Nuestra última compra fue el aromático café de la marca Tomocca en la vetusta sucursal de Wawel Street. Es el regalo ideal para volver con un buen sabor de boca y los mejores recuerdos.

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