Persépolis y el valle de los reyes persas

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Qué ver en Persépolis y el valle de los reyes persas

Persépolis, en Irán, es uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de la Antigüedad y una visita imprescindible al país persa. Por su relevancia histórica es Patrimonio de la Humanidad desde 1979. El nombre de Persépolis –la ciudad persa- se lo dieron los griegos, ya que el rey persa Darío lo llamó Takhte Jamshid. El objetivo de Darío era crear una impresionante capital del reino acorde a su poder, con fastuosos palacios para sus gobernantes. A pesar de su destrucción por el general Alejandro Magno, todavía se conservan algunas estructuras y bajo relieves de gran calidad que permiten imaginarnos el majestuoso complejo.

Puerta inacabada, Persépolis

Dónde está Persépolis y cómo llegar

Se encuentra a unos 70 kilómetros de Shiraz, donde suelen dormir la mayoría de los viajeros. Merece la pena hacer la visita combinada a Naqsh I-Rustam, las tumbas reales de los reyes más importantes. Desde Shiraz no hay transporte público. Por lo tanto hay 2 maneras de llegar fácilmente:

  • Reservar una de las excursiones que organizan los hoteles o agencias de viaje. Algunos tours son de todo el día e incluyen la visita a Pasargada. Precio alrededor de 30$; unos 40$ si incluye Pasargada.
  • Ir con un chófer o taxi privado. Si no os apetece compartir excursión con nadie más es la mejor opción. Además sale más económico si no vais solos. Alrededor de 40-50€.

Cuándo ir a Persépolis

La mejor época para viajar es en primavera y otoño, cuando las temperaturas son muy agradables. En verano debéis tener en cuenta que las temperaturas pueden ser realmente sofocantes, alrededor de 35º-40ºC. A esto hay que añadir que en Irán las mujeres deben ir siempre tapadas con pañuelo (chador) y ropa recatada. En invierno las temperaturas bajan bastante, con temperaturas mínimas cercanas a los 0ºC.

Relieve del rey, Persépolis

Construcción de Persépolis

Persépolis se comenzó a construir en el año 512 a.C. seguramente sobre otra importante ciudad ya existente. Eligió el emplazamiento por ser el centro geográfico del vasto imperio aqueménida, que comprendía un inmenso territorio desde Israel a Uzbekistan, incluido parte de Egipto y Libia. El proyecto de Darío fue tan ambicioso que no pudo verlo acabado y, tras su muerte, continuaron la obra su hijo Jerjes I y su nieto Artajerjes. Al contrario que en Egipto, la construcción de Persépolis no fue llevada a cabo por esclavos, sino por obreros llevados desde otros lugares del imperio, como Babilonia o el propio Egipto.

Mapa del Imperio persa (wikipedia)

La ciudad poseía un sistema defensivo de 3 murallas, junto a las cuales parece ser que había torres de vigilancia. Pese a todo no parece que fuera un lugar inexpugnable, ya que se hallaba sobre una terraza artificial en una llanura. Se puede decir que Darío confiaba más en el temor que infundía en sus enemigos que en sus propias defensas. Y es que el ejército persa fue el amo y señor de toda esa zona durante más de dos siglos.

 

Destrucción de Persépolis

Hay algunas dudas sobre la destrucción y posterior incendio de Atenas. Hacia el siglo V a.C. el imperio persa y algunas ciudades estado griegas llevaban décadas luchando por el poder en la zona en lo que se denominan las Guerras Médicas. Algunas de dichas batallas han quedado para la historia, como la famosa de las Termópilas entre Jerjes I y los ejércitos de Esparta y Atenas.

Tras la llegada al trono del joven general Alejandro Magno en 336 a.C., emprendió una cruzada contra los persas dispuesto a ampliar las fronteras de su reino. Tomó rápidamente algunas de las ciudades persas y se fijo como objetivo hacer conquistar el corazón del imperio, Persépolis. En el año 330 a.C. Alejandro saqueó la ciudad, que no opuso demasiada resistencia, y sus habitantes fueron sacrificados. El propio Alejandro quedó fascinando por la grandiosidad del lugar y la opulencia de los palacios.

Las causas del incendio no parecen tan claras. Tras dejar una parte de su ejército, continuó su conquista por tierras persas, pero un año después regresó.  Algunos dicen que Alejandro se corrió una fiesta y en plena borrachera decidió dar rienda suelta a sus emociones y le prendió fuego a todo. Sin embargo, parece que fue algo más premeditado, y que decidió prenderle fuego como venganza a la anterior destrucción y saqueo de Atenas por parte del ejército persa. De esa manera simbolizó el fin del dominio persa y el comienzo de una nueva época. Sea como fuere, parece ser que el propio Alejandro se arrepintió posteriormente.

Trypilon, Persépolis
 

Principales lugares de Persépolis

Horario: de nov-marzo, 8:00-17:00 // de abril-oct, 8:00-19:00

Precio: 200.000 IRR (4€ aprox), parking: 80.000 IRR

 

Desgraciadamente tras el incendio de la ciudad muchos de los edificios se vieron reducidos a cenizas, ya que la mayoría eran de adobe. Solamente se reservaba la piedra para los templos, murallas y algunos edificios más altos que necesitaban de una mayor consistencia. Con la llegada del islam en el siglo VII, algunos de los relieves fueron destruidos por la prohibición islámica de representar figuras humanas. Por si todo eso fuera poco, los occidentales contribuyeron también saqueando parte del patrimonio. Pese a todo, el visitante no se verá defraudado y podrá disfrutar  del mayor yacimiento del imperio persa.

El acceso a Persépolis era a través de una enorme escalera para ascender a la planicie donde se ubicaba la ciudad. Allí, lo primero que impresionaba a los gobernantes y emisarios que acudían a Persépolis era la imponente puerta de entrada al complejo palaciego. Es la llamada puerta de las naciones, construida por Jerjes I y que se mantuvo en pie durante más de 200 años. Se trata de dos columnas de 5.5 metros de altura y decoradas con 2 enormes leones alados con torso de hombres, conocidos como lammasus. El nombre de la puerta fue dado por el propio Jerjes I en referencia a todos los pueblos bajo su reinado. En su honor el monarca dejó constancia un grabado de la puerta en babilonio, antiguo persa y elamita, principales lenguas del imperio.

Tras la Puerta de las Naciones se accede a conjunto monumental, en el que predominaban templos y palacios oficiales. La civilización persa no tenía un estilo arquitectónico propio ya que eran pueblos nómadas y no construían asentamientos con grandes edificios. A medida que fueron conquistando nuevas tierras fueron asimilando parte de sus culturas y crearon un arte fuertemente influenciado por las culturas helena y babilónica especialmente. De hecho, algunos de los arquitectos de Persépolis eran griegos, como se atestigua en algunas inscripciones.

Prótomes de las columnas, Persépolis

Uno de los más edificios más impresionantes era el palacio de las 100 columnas, residencia del emperador. Estaba asentado sobre 36 columnas en 6 filas, de las cuales solo se conservan 13. El lujoso palacio tenía una altura de 20 metros y una longitud de 60 metros de lado, y algunos estiman que permitiría alojar a unas 10.000 personas. Tanto el palacio como las columnas poseían una decoración policromada, que hacía más impresionante el palacio. En la parte superior de las columnas había una especie de capiteles llamados prótomes, con figuras de grifos, toros o leones.  El palacio incluía placas de oro e incrustaciones de metales preciosos en algunas puertas y vigas de madera.

Vista del palacio de las 100 columnas y La Apadana

La Apadana o sala de audiencias era el lugar donde recibía el rey a sus súbditos o representantes de los diferentes pueblos del imperio. El palacio estaba construido sobre una parte más elevada a la que se accedía por una elegante escalera con bajorrelieves. En ellos se pueden ver a emisarios de diferentes partes del imperio pagando tributos al rey persa. Es una viva imagen de las recepciones reales que se realizaban allí. También hay representaciones de soldados persas en actitud belicosa y escenas de caza, incluyendo leones y antílopes de gran realismo. Tenía 12.000 metros cuadrados y 72 columnas de 20 metros de alto, pero el ejército de Alejandro Magno solo dejó una en pie. Gracias a los trabajos de restauración se han podido reconstruir y erigir de nuevo 14 de ellas.

Guerreros persas, Persépolis

El llamado Trypilon es un edificio levantado entre la Apadana y el palacio de las 100 columnas. Algunos arqueólogos sugieren que fue una sala de reunión del rey con sus consejeros. Otros opinan que simplemente era un simple corredor que comunicaba ambos palacios. Está también profusamente decorado con bajorrelieves de escenas bélicas especialmente. Para acceder al Trypilon había dos entradas diferentes, cada una de ellas con elegantes escaleras con más relieves.

Trypilon, Persépolis

Si bien Persépolis era un complejo sobre todo residencial de los gobernantes persas, también hay dos tumbas que no pasan desapercibidas. Se trata probablemente de los mausoleos de Artajerjes II y Artajerjes III, aunque no se sabe a ciencia cierta. Son muy similares a las de Naqsh-e Rustam, con un estilo que recuerda mucho a las tumbas reales de Petra. Por eso a este último yacimiento se le llama como la pequeña Petra de Irán.

Tumba de Artaxerxes III, Persépolis

Otras dependencias palaciegas u oficiales destacables eran el palacio de la reina, el tesoro, o el harem. A juzgar por las dimensiones que tenían los reyes persas para sus respectivas esposas o concubinas, no se lo debían pasar mal. Desafortunadamente apenas quedan restos de estos edificios. Aún así resulta evocador pasearse entre las ruinas de la antigua capital del imperio persa. A buen seguro que os iréis con uno de los mejores recuerdos de vuestro paso por Irán.

Relieve de un león y antílope, Persépolis
 

Naqsh-e Rajab

A escasos 3 kilómetros de Persépolis podemos visitar un conjunto de bajorrelieves de gran valor histórico y artístico, aunque de un período posterior a la antigua capital persa. Por desgracia, las rostros de las principales figuras fueron destruidas tras la conquista árabe. En el yacimiento se pueden observar 4 grabados en roca en el que representan varias escenas históricas.

 

Se sabe perfectamente la época por los personajes principales de los grabados. En uno de ellos está el rey Sapor I (215-272 d.C.) sobre su caballo y tras él, probablemente, su heredero e hijo, Ormuz I. En otro de los bajorrelieves se representa la investidura del rey Ardacher I, fundador del imperio sasánida y padre de Sapor I. Este último también aparece en otro grabado el día de su proclamación, en 242 d.C. Estos grabados probablemente fueron realizados inmediatamente después de su proclamación. En el cuarto y último relieve aparece el sumo sacerdote Kartir.

Naqsh-e Rustam, el valle de los reyes persas

Precio: 200.000 IRR

Horario: 8:00-17:30

Es una necrópolis situada a 12 kilómetros de Persépolis con las tumbas reales de los reyes más importantes del período aqueménida. Concretamente, según la mayoría de historiadores, están las sepulturas de Darío, Jerjes, Artajerjes y Darío II. Este colosal proyecto fue comenzado por Darío, el gran rey persa que también emprendió las obras de Persépolis. Al parecer quiso crear un mausoleo a la altura de su imperio y su prestigio donde pudieran reposar los restos de los reyes persas.

Lo primero que sorprende al visitante cuando llega son las titánicas dimensiones de los mausoleos. De hecho, por su magnitud y relevancia histórica, algunos arqueólogos han denominado el yacimiento el valle de los reyes persas. Sin embargo, se asimilan más al estilo de las tumbas reales de Petra, ya que al igual que estas últimas están excavadas en una montaña de unos 30 metros de altura para evitar el saqueo de las tumbas. Sin embargo, nada impidió su expolio por las tropas de Alejandro Magno tras la destrucción de Persépolis.

Tumbas reales de los reyes persas (Naqsh-e Rustam)

Todas las tumbas poseen la misma estructura, con una peculiar forma de cruz, que podría estar relacionada con cuestiones religiosas. Son prácticamente iguales a las tumbas de Artajerjes II y Artajerjes III de Persépolis. De las cuatro de la necrópolis de Naqsh-e Rustam la más impresionante es la de Darío, que para algo fue el impulsor del proyecto. En ella el gran rey persa dejó constancia de su poder en varias inscripciones, autodenominándose “Rey de reyes” y soberano de todas las naciones que había conquistado. Así mismo, también vanagloria el poder de “Ahura Mazda, el gran dios, creador del cielo y el hombre”, al mismo tiempo que le pide que le proteja del mal, así como a su familia y su tierra.

Tumba de Dario (Naqsh-e Rustam)

Las otras tumbas probablemente pertenecieron a Jerjes I (486-465 a.C.), Artajerjes I (465-424 a.C.) – hijo y nieto de Darío I respectivamente- y Darío II (423-404 a.C.). También hay otra tumba inacabada, probablemente perteneciente a Darío III. Este no pudo acabarla por razones obvias, ya que fue derrocado por Alejandro Magno.

En la parte inferior de las tumbas hay una serie de bajorrelieves pero seguramente fueron realizadas en el siglo III por la dinastía sasánida. Los sasánidas intentaban reafirmar su poder declarándose herederos directos del periodo dorado del imperio persa. En uno de ellos aparece el emperador romano Valeriano arrodillado frente el rey sasánida Sapor I y su comandante en jefe Ceriyadis. Mediante ese gesto Valeriano reconoce el poder de los persas sobre el este del Imperio romano. Llama poderosamente la atención el realismo con el que está representado el vuelo de la capa del emperador romano.

Bajorrelieve de Naqsh-e Rustam con el emperador Valeriano
 

En la parte izquierda del yacimiento hay otro bajorrelieve de gran calidad y muy bien conservado. Allí se representa la coronación de Ardashir I por parte del gran dios Ahura Mazda. Debajo de las otras tumbas hay otros bajo relieves que recrean diferentes acontecimientos históricos del período sasánida.

Tumbas reales de los reyes persas (Naqsh-e Rustam)

Además de ser la necrópolis más importante de los reyes persas, Naqhs-e Rustam fue también un centro religioso de primer nivel. Por eso, frente a la montaña que alberga las tumbas se encuentra el cubo de Zoroastro. Según los arqueólogos pudo haber sido el lugar donde se mantenía viva la llama del fuego eterno, tradicional del zoroastrismo, la religión original persa. Actualmente se mantiene todavía en un magnífico estado de conservación.

En definitiva, contemplar Persépolis y las tumbas reales persas es un viaje al auge y caída de uno de los mayores imperios de la Humanidad. Una lección de historia que nos dejó anonadados ante la demostración de poder de las antiguas dinastías persas.

2 Comentarios
  1. Maravilloso el artículo. Y sobre todo inspirador, que es lo más importante. Tengo muchas ganas de ir a Irán ¡y con reportajes así aún más! Me ha encantado!

    1. admin dice

      Muchas gracias, Maribel. Para mí es un país muy especial y que recomiendo a todo el mundo. Tiene un patrimonio cultural brutal y la gente es impresionantemente amable. Últimamente se está poniendo de moda y están subiendo los precios de los hoteles un 15% anual, así que ahora es el momento. Saludos!

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