Aquí os contaré lo que hicimos el segundo día que alquilamos el coche porque el primero apenas paró de llover y nos condicionó toda la jornada.

Para aprovechar mejor los 3 días nos tocó madrugar. Tras un generoso desayuno cogimos el coche y nos dirigimos al este de la isla. Es una carretera sinuosa a través de densos bosques que apenas dejan pasar la luz y preciosos prados verdes. Alrededor de las 10:00 llegamos a la zona de Lagoas Empadadas. A mano derecha hay un hermoso paisaje y un fotogénico puente devorado por el musgo. Breve parada y continuamos unos pocos kilómetros hasta el aparcamiento de Lagoa do Canario.

Dejamos el coche y nos acercamos a la laguna. Como la mayoría de las que hay en la isla, es de origen volcánico y tiene un característico cono volcánico circular casi perfecto. El acceso es fácil, a escasos metros de la carretera principal. La laguna es preciosa pero se ve rápido, ya que es muy virgen, sin ningún tipo de infraestructura ni camino para pasear alrededor.

¡CUIDADO! No os paséis de largo el mejor y más fotografiado mirador de toda la isla, el Miradouro da Boca do Inferno. No está apenas indicado y mucha gente solamente ve la Laguna do Canario. Para acceder a él se debe continuar por el camino de tierra durante unos 15 minutos. Al final del sendero hay que continuar subiendo por unas escaleras.

El mismo sendero de escaleras desciende luego ofreciendo al viajero la famosa imagen de los catálogos de viajes. Es recomendable visitarlo a primera hora de la mañana para disfrutar de la estampa con poca gente.

Si queréis pasear por la zona, desde el aparcamiento salen un par de rutas de 3-4 horas por las montañas de la zona. También hay algún merendero para improvisar un pic-nic. Nosotros no las realizamos pero hablamos con unas chicas y nos dijeron que no les había parecido especialmente atractivas.

 

SETE CIDADES

Posteriormente, nos dirigimos carretera abajo haciendo paradas en los miradores. El primero es el  más famoso de todos, el Miradouro da vista do Rey. No es casualidad, ya que tiene unas panorámicas de ensueño. Hay un pequeño aparcamiento pero quizá os toque improvisar por los alrededores. Desde allí también hay un sendero que conduce hasta el pueblo de Sete Cidades pero en el momento que estuvimos estaba cerrado porque había desprendimientos.

Frente al mirador hay un antiguo hotel que construyeron en 1989 y apenas estuvo en funcionamiento un año. Fue un proyecto con muchas pretensiones pero que fracasó estrepitosamente y fue abandonado. Desde el año 2000 nadie se ha preocupado de su mantenimiento pero, gracias a la humedad de la isla y el musgo, se pueden captar fotografías muy chulas.

 

Además desde la azotea se obtienen las mejores vistas de las lagunas. Os recomiendo subir, pero debéis saber que es bajo vuestra responsabilidad. En teoría está prohibido subir aunque no hay nadie que lo impida y veréis hacerlo a más gente.

Miradouro do Cerrado das Freiras y ofrece un espectacular paisaje. Desde allí se observan Sete Cidades junto a la Laguna Azul y, al otro lado del puente, la Laguna Verde. Sorprende el contraste de colores entre ambas lagunas.

San Miguel de Azores: Laguna verde y Laguna Azul

Apenas 300 metros más abajo del anterior, está el miradouro do Laguna do Santiago.  Como su nombre indica, tiene una preciosa vista de la pequeña Laguna do Santiago. Llama especialmente la atención el color de las aguas y las curiosas formas que adopta el agua.

La siguiente parada es junto a ambas lagunas para poder verlas desde la orilla. Se trata de una caldera volcánica creada por una erupción en 1442 y tiene un perímetro de 12 km y una profundidad de 33 metros. Una leyenda local cuenta que fueron creadas por las lágrimas de un pastor de ojos verdes y una princesa de ojos azules. Estos personajes se enamoraron perdidamente pero, ante la imposibilidad de su amor por la prohibición del rey, los amantes derramaron tantas lágrimas que lograron crear las lagunas. Sea como fuere, el lugar es simplemente majestuoso.

Hay un sendero alrededor de las lagunas y bucólicos prados para tumbarse cuando haga buen tiempo. En las lagunas hay patos celosamente cuidados y alimentados por la población local.

Sete Ciudades es una pequeña población de montaña de apenas 800 habitantes. El pueblo en realidad no tiene demasiado interés pero os recomiendo visitar la iglesia. Está consagrada a San Nicolás -el patrón local- , es de estilo colonial portugués y está construida con roca volcánica.

Para continuar con la ruta hay que dirigirse hacia la costa. Si queréis podéis acercaros a ver el faro de Ponta de Ferraira, el mayor de la isla. Allí mismo hay unas termas junto al mar, pero cuando fuimos había temporal no nos acercamos. En su lugar emprendimos el camino de vuelta haciendo varias paradas en algunos de los miradores del camino. El primero es el Miradouro da Ponta do Escalvado, a escasos 2,5 kms del faro de Ferraira. Las vistas son espectaculares, con las olas golpeando ferozmente sobre las rocas del acantilado.

Continuando por la carretera de la costa, en el pueblo de Bretanha está el precioso Molino del Pico Rojo (Moinho Pico Vermelho). Es un molino de viento de más de 200 años y está abierto durante los meses de julio y agosto. Más adelante, a la altura del pueblo de Capelas, está el mirador Tromba do Elefante.  Es una curiosa formación rocosa del acantilado cuyo relieve recuerda a la cabeza de un elefante con su trompa y todo.

 

Ribeira Grande

Siguiendo la ruta costera se llega a Ribeira Grande, la mayor población al norte de San Miguel. Tiene una población de unos 4000 habitantes y merece la pena darse un paseo por el centro. Además es un buen sitio para comer en alguno de los restaurantes locales. Los edificios más destacables están en torno al ayuntamiento o Cámara Municipal. Está construido con roca volcánica y en tonos blancos y negros.

Junto al río que atraviesa el pueblo está el teatro Ribeiragrandense, de estilo colonial y un llamativo color amarillo. En Navidades instalan un nacimiento de Belén con figuras de madera a tamaño natural.

Al otro lado de la carretera está la iglesia del Espíritu Santo. Es pequeña pero merece visitarla si vais en época navideña para ver el Belén que instalan dentro.

Después os recomiendo acercaros a la costa en la zona del Miradouro do Castelo. Allí mismo hay unas piscinas junto al puerto, en un fantástico entorno natural. Además hay perfectas panorámicas sobre la costa y sus acantilados.

 

Lagoa do Fogo y Salto do Cabrito

Nada mejor que acabar la tarde yendo a esta zona de la isla. De camino podéis acercaros a visitar el fantástico Salto do Cabrito. Es una cascada natural junto a una pequeña estación hidroeléctrica y termal. No es un sitio muy conocido, así que quizá tengáis suerte y estéis solos. Se puede bajar hasta abajo en el coche pero la cuesta es muy pronunciada, así que mejor aparcar arriba y bajar andando unos 15 minutos.

Desde allí, dirigíos hacia la Laguna do Fogo por la sinuosa y escarpada carretera. Arriba de la montaña hay un par de miradores con impresionantes vistas de la Laguna do Fogo. Es la segunda mayor laguna de la isla y la de mayor altitud. Es también de origen volcánico y se estima que se origino hace 15000 años. Hay algunos senderos para poder pasear por la orilla.

   

Caldeira Velha

Horario

noviembre-febrero: 9:00 – 17:00

marzo, abril, mayo y octubre: 10:00 – 18:00

Junio – septiembre: 09:00 – 20:30

Al descender la montaña se pasa por Caldeira Velha. Es un centro de interpretación con unas termas naturales en un entorno privilegiado, con la vegetación tropical típica de la isla. A las termas se accede andando unos 10 minutos por un bonito sendero. Hay dos piletas, una grande con una cascada, a 26ºC y otra más pequeña a 37ºC. Hay unas pequeñas casetas para cambiarse la ropa.

   

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