1 día conviviendo con los cortadores de cabezas

Cuando viajamos a Malasia una de las zonas que más nos seducía era la isla de Borneo. Allí se pueden visitar algunos de los parques nacionales más impresionantes de Malasia. Además de eso, nos atraía la idea de visitar la zona de la etnia Iban, los famosos cortadores de cabezas.

Los individuos de la etnia Iban son los habitantes originales de Borneo. Actualmente se estima que viven alrededor de 30000 iban en la provincia de Serawak principalmente. La etnia Iban se hizo con una reputación de guerreros feroces y sádicos, ya que hasta hace unas pocas décadas cortaban las cabezas de sus enemigos cuando les mataban en batalla. Luego sus calaveras las colocaban delante de las puertas de las familias guerreras. Ellos creían que sus espíritus se encargaban de custodiar y proteger las casas de los Iban. Por lo tanto, para ellos se trataban del mayor trofeo. Aún hoy en día las lucen con orgullo en la longhouse, las casas tradicionales de la etnia Iban.

 

Para visitar alguna comunidad hay que ir a la zona de Kapit. Para ello hay que hacer un trayecto de 4-5 hrs un barco desde Sibu. Una vez llegamos a Kapit preguntamos en el hotel quién nos puede ejercer de guía. Contratamos el que recomienda Lonely Planet y acordamos la hora para ir al día siguiente. Hay diferentes opciones para visitar dichas comunidades, pero cuanto más barato, más cerca de la ciudad estará la comunidad y, por lo tanto, mayor influencia de la civilización occidental y el turismo.

 

Al día siguiente decidimos dar una vuelta por el mercado local. Allí somos la auténtica atracción, ya que no están todavía demasiado habituados al turismo. Es una actividad muy divertida y compramos tabaco hecho a base de las hojas de una planta local y manufactura rudimentaria. También nos ofrecen las vestimentas tradicionales para regocijo de los locales.

Mientras tanto nuestro guía local se dedicó a organizar la comida, afanándose en conseguir las mejores delicatesen para agasajarnos. Lo que más nos llama la atención es una cabeza de ciervo que viaja con nosotros hasta la longhouse.

  Las longhouses son las casas comunales donde viven todos los miembros de la comunidad. Son  casas de madera vertebradas a lo largo de un pasillo que da acceso a cada vivienda familiar. El resto de aposentos son compartidos. Nosotros visitamos la de la comunidad “Ulu Yong”. Se encuentra a una hora de camino desde Kapit,  tenía más de 120 años de antigüedad y vivían unas 25 familias. Antiguamente la etnia Iban procuraba tener el mayor número de hijos posibles, ya que así tendría más miembros para guerrear con las aldeas rivales. Actualmente su población está disminuyendo debido a la creciente deforestación de la selva de Borneo.

  Somos los únicos turistas que hay en la longhouse y pasamos el día charlando con los simpáticos habitantes. Es un pueblo tremendamente orgulloso de su historia y nos enseñan las calaveras que les han hecho famosos. Otra característica de los Iban son sus tatuajes, a menudo de diseño geométrico. No se tratan solamente de una expresión artística. Generalmente el tatuador conectaba con sus espíritus para que le ayude con el diseño y le guiase en el proceso. Una vez elegido el diseño se hace un sacrificio de algún ave y comienzan con el doloroso trabajo artesano.    

Para comer nos dan la comida típica de allí, como la cabeza del ciervo y sus morros fritos con verduras. Otro plato que nos prepararon fue una masa de pescado machacado con especias de sabor penetrante y desagradable. Todo esto lo riegan continuamente con licor de arroz que consumen en cantidades ingentes. Comemos y bebemos con ellos y a medida que se van bajando las botellas de licor se van animando a sacar vestimentas tradicionales para sacarnos fotos con ellas.

 

Pasamos toda la tarde con ellos compartiendo risas hasta que a media tarde unos cazadores de la familia llegan con el botín del día. Han cazado 3 monos pequeños y algunos que están borrachos juegan con las cabezas de los macacos sangrientos. Nos ofrecen carne de mono para cenar pero declinamos la suculenta oferta y preferimos pollo cocinado en cañas de bambú. A última hora de la tarde uno de ellos estaba completamente borracho y tuvimos que ayudarle a entrar en su apartamento.

 

Por la noche dormimos en el suelo como lo hacen ellos. A la mañana siguiente damos un paseo por los frondosos jardines que hay en los alrededores de la casa. Desde allí observamos a los hombres de la casa que van a trabajar en diferentes labores. Nos preparamos para volver a Kapit encantados de haber vivido una experiencia genuina pero con la sensación de que los mejores tiempos de la etnia Iban han pasado, con un grave problema de alcoholismo y el peligro de sucumbir a la deforestación que los acecha.

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